"Hace ya un mes que conocí al hombre de la armónica. Aunque no sé su nombre, para mí es un gran amigo. Me regaló la armónica que poco a poco voy tocando con mayor seguridad. Estoy segura de que empezaré a componer algo de blues en poco tiempo.Pero hoy escribo por algo diferente, ya que últimamente soy monotema.
Hoy, al terminar la cita diaria con mi colega músico en el parque, se me ha ocurrido pasarme por la heladería de la plaza. Aunque el día era nublado, la brisa abrasaba, y hacía mucho calor.
Pues bien, he salido de la heladería, con mi riquísima tarrina de fresa. Iba ensimismada, aunque la verdad es que me he acostumbrado a serlo. Demasiado tiempo así... Bueno, la situación ha sido la siguiente:
Voy comiendo el helado, saboreando cómo el frío de sabor de fresa llenaba mi boca, y enfriando mis manos rodeando la tarrina... Y de repente, ¡ZAS!
Me choco con un chaval que no había visto jamás en la vida. Bueno, quien dice un chaval, dice un niño de unos ocho años.
Se me cae la tarrina al suelo, murmuro entre dientes un: "Me cago en la puta", y miro al niño con cara de odio y resentimiento. Cuando veo su cara de querubín pienso: "Tranquila, Lola... Ha sido un accidente, sólo es un crío". Y el niño me suelta:
"¡Tú eres la chica de la armónica!"
Bien. Shock cerebral. ¿Yo? ¿La chica de qué? ¡Pero si no tengo ni zorra idea! Podría haber dicho: "¡Tú eres la amiga del hombre de la armónica!"... Mucho más creíble y con mayor sentido... Pero no. Yo soy la chica de la armónica.
La situación era aquella: Yo sin saber qué decir, con una sonrisa estúpida en la cara para no espantar al pobre niño, mi tarrina en el suelo, y el angelito mirándome a la espera de que le dijera algo.
Y de repente, he oído su voz.
- Carlos, no molestes a la chica -ha dicho.
Un chico de mi edad, quizás algo mayor, ha llegado a recoger al niño mientras yo rezaba en mi interior que no fuese su hijo. Aunque, ahora que lo pienso, eso es físicamente imposible. El caso es que se me ha ido el shock de la forma en la que me ha llamado el niño y lo he cambiado por el shock de: ¿Qué hace este por aquí, si debería estar entre los galanes de Hollywood?
- Perdona -me ha dicho-. Carlos es muy inquieto.
- No pasa nada -le he dicho, probablemente con una horrible sonrisa de estúpida.
- Es mi hermano -dice el crío, así sin más.
- ¡Ah! -no he podido evitarlo... Él se ha reído.
- No te había visto nunca por aquí... ¿Estás de vacaciones? -me pregunta.
- No, no... Viví aquí hace unos años... Me mudé a Madrid. Aquí me conocen por la nieta del doctor Hidalgo... Ja, ja, ja... -(risita falsa para romper el hielo).
- Ah, debí suponerlo... En mi casa he oído algo...
- Mamá dice que eres una chica muy guapa y que te ha pasado algo muy malo y has decidido venir aquí...
Vale, en este momento, me han dado ganas de llorar e irme a pegarme un tiro. TODO el mundo sabe que estoy así, he supuesto. Qué vergüenza. No sé ni cómo se me ocurre salir de casa y que todos me miren sabiendo aquello.
- Bien, Carlos -ha dicho él-, ¿por qué no me traes una tarrina de fresa para esta chica, que se le ha caído al suelo?
- No, no, en serio -he dicho, rápidamente-... Tómatela tú -(el niño se había largado)-, llevo prisa...
Cuando he empezado a andar, el chico me ha agarrado del brazo.
- Por lo menos, ¿puedo saber tu nombre?
- Claro -he dicho entre risas-... Me llamo Lola.... Lola. Nada de Loli, ni de Dolores, ni ningún nombrecito extraño...
- Entendido -(después de reírse)-, yo me llamo Alejandro. No Álex, ni Jandro, ni ningún nombrecito extraño...
Bien, me he despedido de él. Creo que es uno de esos chicos con familia aquí, pero que ya están estudiando fuera. Quién sabe, probablemente jugué con él tardes enteras cuando éramos niños. He visto a gente nueva de mi edad, pero no me traen buenas vibraciones... Quizás me equivoque. Me alegro de ver que por lo menos, conozco a otra persona más en este pequeño refugio..."
viernes, 22 de mayo de 2009
el cuaderno rojo de Lola.
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