miércoles, 20 de mayo de 2009

un regalo.

El décimo día después de aquel primer encuentro, cuando hablaron por primera vez, el hombre de la armónica terminó de tocar y comenzó a recoger las cosas, arropado por el aplauso de tres o cuatro personas que habían escuchado las últimas canciones, entre ellas Lola.
Estuvieron hablando sobre el tiempo, que estaba cambiando. Volvía a hacer frío y los días eran nublados.
- Esto es para ti.
El hombre de la armónica sacó una caja envuelta en papel de regalo de una de sus bolsas de viaje.
- ¿Para mí? No puedo aceptarlo…
- Lo aceptarás, Lola. Te gusta la música, me gusta tu forma de que te guste… A partir de ahora, dejaré de tocar la armónica por la calle, y me dedicaré a enseñarte a dominar este instrumento caprichoso.


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Cuando Lola llegó a casa, abrió su regalo, y sacó la armónica.
Tras media hora intentando obtener alguna melodía, escribió en su cuaderno rojo:

“Tocar la armónica es más difícil de lo que pensaba…”

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